BIENVENIDOS


En este lugar se encuentran reunidos nuevamente el tiempo, la música y nuestros recuerdos...Iniciemos este maravilloso viaje al ritmo de las canciones y melodías de la Música sin Final...Déjese llevar por el mágico sonido que envuelve milagrosamente, ese algo que creíamos olvidado, pero que sigue ahí escondido en algún lugar, sin límites...sin final...¿Quiere saber en dónde está ese lugar?...Habita en su recuerdo y está más allá de la música...¿Nos hace el honor de acompañarnos?...Gracias.

Sus amigos,


Ricardo y Alejandro Martínez Arreola


Nuestra estación de RADIO está disponible de lunes a sábado de 10:00 a 22:00 hrs.http://myradiostream.com/musicasinfinal


lunes, 28 de julio de 2014

LAS QUE LLEGARON AL HIT PARADE




Esa especie de poligamia que vivieron las industrias del disco,  la radio, el cine, la televisión y  la prensa permitieron que en la primera  mitad del siglo XX las canciones populares tuvieran un arraigo casi inmediato en el público masivo, para su segura difusión fue necesario que entrara al aro otro invitado: las agencias de publicidad, pues a manera de estuche de regalo presentaban al consumidor  inolvidables desfiles de éxitos. En repuesta el respetable se encargaría de decidir -cómo hasta hoy-  si serían efímeros o perdurables, claro está, no sin antes recibir una buena dosis de bombardeo cuyos resultados serían registrados por sistemas de medición  cada vez más sofisticados.

Desde tiempos inmemorables la melodía es lo que permite que podamos tararear o silbar las tonadas de moda, la única forma conocida que se tenía para medir  su popularidad y su respectivo beneficio económico eran las partituras musicales. El reconocido musicólogo mexicano Vicente T. Mendoza investigó varios corridos en el siglo XVIII con esta peculiaridad y así, para el siglo XIX el negocio de las hojas con música fue creciendo gracias a la influencia del fonógrafo y el gramófono como los medios para registrar los sonidos. Desde aquellos legendarios años, la industria del disco diseñó variados esquemas para despejar una incógnita que garantizara su éxito.  ¿Qué es lo que escuchan las mayorías?




En las postrimerías del siglo XIX se popularizaron tanto danzas,  habaneras, corridos, polkas o valses como: Las golondrinas, La paloma, Adiós mamá Carlota,  Las bicicletas o  Sobre las olas. Grandes personalidades como José María Villasana o José Guadalupe Posada por mencionar solamente a algunos, ilustraban magistralmente las partituras musicales de compositores como Juventino Rosas, Manuel M. Ponce o Miguel Lerdo de Tejada, estafeta que pasarían en el siglo XX a personajes igual de prominentes como Andrés Audiffred o Ernesto “El Chango” García Cabral, ahora serían obras de autores como María Grever, Agustín Lara o Gonzalo Curiel. En los Estados Unidos por la misma época serían dibujadas  por Walt Disney o Charles Shulz. Las partituras musicales dejaron de ser la espina dorsal del negocio de la industria de las canciones y cedieron el primer lugar a las editoras y sociedades que se erigieron para salvaguardar los intereses económicos de sus creadores.






El 20 de abril de 1935  surge en el Town Hall de la Gran Manzana el programa radiofónico El Hit Parade (Your Hit Parade), en muy poco tiempo se convirtió en la emisión con mayor audiencia en la Unión Americana y su éxito fue tal que al paso de los años rebasó sus fronteras y su señal  sabatina llegó a muchos países- incluido México- en grabaciones especiales. En una ocasión anterior les comentamos que el magnífico y siempre bien recordado locutor Ken Smith transmitía su programa La hora americana por las siglas XEBZ en el lejano 1935  seleccionando los temas en boga de aquel país.





En una época las agencias de publicidad pudieron precisar casi quirúrgicamente qué canciones tenían mayor repercusión en el gusto popular, durante una semana, un mes o un año, los horarios más convenientes de programar y qué perfil de locutor sería el más adecuado para radio o televisión.



Fue durante la década de los años 50’s del siglo XX que el locutor de XEW y editor de la revista Selecciones Musicales Roberto Ayala, instituyó en México el Disco de Oro (al igual que lo hacían los Estados Unidos)  que otorgaba lógicamente su revista a lo más granado de los intérpretes, compositores y canciones con mayor difusión en nuestro país, repercutiendo en contratos, giras, entrevistas, reportajes y grabaciones. Desde aquellos años se creó la buena costumbre de publicar diversos cancioneros, los cuales abordaremos en una entrega posterior.



Las radiodifusores en México que integraban en su barra programática música popular proveniente de nuestro vecino del norte, como Radio 590, Radio 6.20, Radio Mil, Radio 660, Radio Capital o Radio Éxitos, adoptaron el esquema  marcado por el tío Sam de programar con el Top 40 de sus listas de popularidad, garantizando así el éxito de sus emisiones.



Muchos son los programas de radio o televisión que seguramente usted recuerda en distintos momentos y décadas de su vida, uno que motivó el nombre de la  entrada de hoy era difundido por la estación del gallito, nuestra entrañable XENK Radio 6.20 desde la década de los 60’s (en 1959 fue la última emisión de El Hit Parade en los Estados Unidos ya como versión televisiva) y fue deliciosa hasta que se extinguió de su señal.




Les presentamos la siguiente selección musical, distintas épocas en la música popular.

Las bicicletas, exitosa polka de 1896 con la que su autor Salvador Morlet celebraría el arribo de este vehículo a nuestra capital a finales del siglo XIX. Sin duda, nos viene a la memoria el inolvidable personaje Don Susanito Peñafiel y Somellera que al presentarse solía decir: para servir a Dios, a don Porfirio y a usted. La versión es la de la Orquesta Típica de la Ciudad de México realizada en 1956 para la RCA Victor, incluida en el magnífico disco Lp Paseo en la Alameda.


Dardanella, un Fox-Trot de Felix Bernard y Johnny S. Black compuesto en 1919, de inmediato se popularizó en la Unión Americana vendiendo cinco millones de copias. En México también logró gran aceptación, una de las emisoras que la mantuvo en su programación varias décadas fue Radio 6.20. Les ofrecemos una versión de 1920 con  Harry Raderman’s Jazz Orchestra para la marca Edison.


Vereda tropical, bolero compuesto en 1936 por Gonzalo Curiel y estrenado en la película Hombres de mar del mismo año, alcanzó tal fama en voz de Lupita Palomera que incluso -dice una leyenda- hubo anuncios laborales para las trabajadoras domésticas que al concluir de detallar las actividades que desempeñarían remataban con: “y que no canten Vereda tropical”. Seguramente la canción del maestro Curiel más popular en México y  el mundo.


Over the rainbow, balada compuesta en 1939  por Harold Arlen y Yip Harburg, interpretada por Judy Garland en la película El Mago de Oz de aquel año. Merecedora del premio Oscar como mejor canción, aunque los productores de dicha cinta no confiaban en la canción intentando eliminarla varias veces de la versión final del filme. Sin duda, la carta de presentación de Judy Garland por siempre.


Yo sé por qué y tú también, la  era de Swing dejó una estela interminable de buenas canciones, ésta composición de H. Warren y M. Gordon lo demuestra, su éxito se debe a la versión de Glen Miller y a su agrupación vocal  Los Modernistas, fue incluida en la banda sonora de la película de 1942 conocida en  México como Las  viudas del jazz.


Anna (el negro zumbón), baion de la película italiana Anna de 1951, protagonizada por la bella Silvana Mangano (en México le decían Mangazo) de ese ritmo brasileño quizá este número es el que más popularidad tuvo en el mundo, de la inspiración de Franceso Giordano y Roman Vatro. La versión que se escucha en la cinta y grabada en 78 rpm para la marca MGM tiene en el crédito a Mangano aunque la voz que se escucha es de la cantante Flo Sandon’s.


Obsesión, composición de Pedro Flores que alcanzaría éxito mayúsculo desde la década de los cuarentas. Una de sus grabaciones más exclusivas fue la que realizaron a dúo Pedro Vargas y Benny Moré  con el acompañamiento de la Banda Gigante en 1954 para el sello RCA Victor.  José Emilio Pacheco citaría este bolero en su magnífico libro “Las Batallas en el Desierto”.


Sinceridad, bolero compuesto por Rafael Gastón Pérez, en 1954  Lucho Gatica y el acompañamiento de Los Peregrinos quizá realizaron su mejor versión, se publicó en México bajo el sello Musart.

  
  
Quiero tu amor, composición de  Charles Trenet  de 1942,  desde entonces, ha acumulado muchas versiones en todo el orbe. Nuestra versión instrumental favorita es la que André Kostelanetz llevó al disco en 1963 para el sello CBS.


La Bikina, composición de  Rubén Fuentes en 1969, pieza fundamental en el repertorio de lo entrañable, su popularidad fue tal que en Francia quisieron adueñarse de los derechos, situación que obviamente perdieron legalmente. La magnífica versión del Mariachi Vargas de Tecalitlán (al cual Rubén Fuentes transformó en los 50’s con arreglos más estilizados) para el sello RCA Victor enriquece toda discoteca.  


martes, 10 de junio de 2014

REBECA… LA VOZ DE TERCIOPELO


Hace muchos años, al terminar la Revolución, la ciudad de México inició el proceso de su transformación hacia la modernidad. Bajo el amparo del nacionalismo, el paisaje rural cedía lentamente su espacio al ambiente urbano que día a día se matizaba con aromas y colores cosmopolitas. 

La Ciudad de los Palacios en la década de 1920 era un terreno fértil para los contrastes. Ahí convivían los vestigios célebres del pasado prehispánico que se dejaban asomar entre los imponentes edificios coloniales. También, a la par de las lujosas colonias y avenidas porfiristas decoradas al estilo francés, brotaban en sus extremos las calles y barrios de gran tradición que albergaban a las clases populares, todavía humeantes de pólvora.

Precisamente, en el tradicional barrio de Peralvillo, un 26 de abril de 1925, nació Rebeca… La voz de terciopelo.  Fue la quinta hija de Juana Cosío de Alba y Franco y de Enrique Silva. Con sus 7 hermanos (Evangelina, Olivia, Enriqueta, Trinidad, Enrique, Guadalupe y de su gemela Sarita), a pesar de la precaria condición económica de la familia, Rebeca vivió una infancia feliz  La pequeña Rebeca Silva Cosío aprendió el sentido de la responsabilidad entre los múltiples mesones que abundan en la zona llenos de sus caudales humanos muy ligados al comercio. Lamentablemente, las cosas para Rebeca y su familia se complicaron cuando falleció su padre. 

Ella contaba apenas con 11 años de edad. Al cumplir los 16, contrajo matrimonio con Agustín Chavero, con quien procreó a sus primeros hijos: Laura Isabel y Salvio Agustín. Sin embargo los celos enfermizos de Agustín y su mal trato indujeron a Rebeca a escapar ayudada por unos tíos de Agustín, rumbo a la ciudad de Monterrey.

Desde muy niña, Rebeca mostró una notable inclinación por el canto y la música. Gracias a la invitación de sus maestras en la escuela primaria, podía lucir sus dotes artísticas en los festivales escolares. Su voz, desde entonces, cubría el ambiente con una caricia suave y tierna, como de terciopelo (en ocasiones, acompañada de su hermana Enriqueta, amenizaba las fiestas escolares. Por cierto, a este singular dueto se le presentaba como Las Guarecitas, que en purépecha significa “niña”).



Durante su estadía en  Monterrey, logró presentarse en la radiodifusora XEFO que se ubicaba a la vuelta de la Fuente de Sodas Boom Boom, donde ella trabajaba como mesera.  En aquellas memorables audiciones se ganó el titulo de: Rebeca, la voz de Monterrey.


Con el tiempo, Rebeca decidió regresar a la ciudad de México junto a su madre y hermanos. Gracias a la recomendación de su hermana Olivia, consiguió emplearse en el Restaurante del Hotel Reforma.

En el ocaso de la década de 1950 asistió con unos amigos al Bar La Fuente. Ahí, como aficionada deleitó a los bohemios y artistas que frecuentaban el lugar con una maravillosa interpretación de la canción Señora tentación, del genial compositor Agustín Lara. Gracias a esa afortunada presentación, de inmediato fue contratada para cantar en los más prestigiados centros nocturnos de la época.


Rebeca se convirtió así en la última intérprete oficial del inolvidable músico poeta. Junto a Agustín Lara realizó exitosas presentaciones en el afamado Capri que se ubicaba en la planta baja del Hotel Regis. El sismo de 1985 terminó con aquel edificio de 8 pisos de altura construido en los estilos art nouveau y art decó, que no sólo recibió a lo más selecto de la sociedad mexicana e internacional de aquellos años, sino también un pedazo de la historia misma de la capital azteca.



En 1959 grabó para la RCA Victor su primer Lp: “Señora tentación”, material en el que incluyó 12 selecciones de la autoría de Agustín Lara. Gracias a su magnífica dicción y estilo, Rebeca logró consagrarse como una extraordinaria interprete de la canción romántica y además, obtuvo su primer disco de oro con su recordada versión del bolero Escarcha. La discografía de esta excepcional cantante comprende 9 discos de larga duración para el sello Victor: Señora tentación, Rebeca y su compositores predilectos, Canciones de Agustín Lara, Enamorada, Canciones inolvidables, Estrella solitaria… Canciones de Agustín Lara y Nacida para amar; El Disco de Oro de Rebeca (grabado en vivo) y en Discos Orfeón, durante la década de 1970 realizó un disco en el que regrabó algunos de sus éxitos más destacados de su primera etapa como cantante.


En su voz, las nuevas generaciones tuvieron la oportunidad de escuchar las más bellas páginas del cancionero larista y hoy, a la distancia, esas grabaciones llegan a nuestros oídos para recrear el repertorio de lo entrañable.


 Las noches se iluminaban con las luces de las marquesinas de los teatros, centros nocturnos y bares que le daban un toque de alegría y fiesta a la gran ciudad. Y con su voz de terciopelo, Rebeca acariciaba los corazones de los que se amaban. La Roca (instalada en el Hotel Insurgentes) y La Ronda (ubicada en pleno corazón de la Zona Rosa), fueron testigos fieles de aquella inolvidable época de bohemia que despedía, acompañada con los acordes de Chalo Cervera, El pianista de las estrellas, una época inolvidable de la canción popular en México.



En 1985, Rebeca trasladó su residencia a Guadalajara, Jal. En la hermosa Perla de occidente, se escucharon por última vez los maravillosos matices de su voz evocadora de la época de oro de la canción romántica en México.
  
La voz de Rebeca se apagó un 7 de mayo de 2002. Su última voluntad fue descansar cerca de Agustín Lara, su amado maestro… Allá en Veracruz, en la playa solitaria, donde puede verse una casita blanca que parece de marfil…

Desde entonces, de vez en cuando nos parece escuchar a la distancia, la dulce voz de una caricia aterciopelada que canta en versos de cristal una serenata de amor… El viento y la brisa del mar llevarán en el ambiente las notas lanzadas como serpentinas por un elegante piano a las musas que se alejan como los cisnes que en la tarde visten su carro triunfal…

Y en cada caricia convertida en recuerdo, por capricho divino, el cielo se pinta de azul, con ese azul que tienes tú…

Con gratitud,

Tus hijos Laura Isabel, Salvio Agustín, Oscar, Juan Manuel y Rebeca Eugenia.


La selección que a continuación les presentamos son composiciones de nuestro  Flaco de Oro Agustín Lara,  salvo en donde se indica otro compositor. Todas las grabaciones son para la marca RCA Victor  excepto Hastío que corresponde al  sello Orfeón, fueron realizadas entre 1959 y 1970.

  
Señora tentación, compuesta en 1931.


Escarcha, compuesta en 1935.


Azul, compuesta en 1933.


Te vi pasar, compuesta en 1940.


Cocha nácar, compuesta en 1933.


El Cisne, compuesta en 1935.


Anoche te sentí, compuesta en 1948.


Hastío, compuesta en 1933.


Amar y vivir,  composición de Consuelito Velázquez en 1944.


La cita,  composición de Gabriel Ruiz en 1944.



Nieve, composición de Miguel Prado y Bernardo Sancriostóbal  en 1954.


Casita blanca, compuesta en 1963.

viernes, 11 de abril de 2014

GUTY CÁRDENAS...EL RUISEÑOR YUCATECO

  

Tres dimensiones tenía el espíritu de
este artista: formidable intérprete ,
guitarrista de estilo personal y
compositor de fresca inspiración.

Ricardo López Méndez

Hace tiempo, le preguntamos a uno de nuestros sobrinos -que acude al mismo Colegio en el que Guty Cárdenas realizó sus estudios como Contador Privado en esta capital-, si el día en que les hicieron la bienvenida  a los de nuevo ingreso les platicaron que en ese bello recinto educativo  había estudiado el también conocido Cancionero del Mayab,  personaje fundamental de nuestra herencia lírica,  hizo una pausa  y de su memoria escaparon varios nombres relacionados con la literatura, la política o las artes… Pero no el nombre de Guty Cárdenas.  De la muerte de Guty han transcurrido  82 años  y  seguramente  su nombre se ha ido diluyendo en las nuevas generaciones, pues aquellas figuras de nuestra historia musical cuya importancia no atañe sólo en México sino a toda Hispanoamérica han ido dejando su lugar en la retentiva de la memoria colectiva.

El entrecruzamiento cultural de diversas expresiones artísticas  de la cual Mérida era enriquecida a principios del siglo XX, marcó definitivamente el camino musical del pequeño  Augusto Cárdenas Pinelo nacido el 12 de diciembre de 1905 en una de las familias más acomodadas de la Ciudad Blanca. Entre claves yucatecas, boleros cubanos o bambucos colombianos, Guty aprendió de las lides en  las relaciones amorosas, propias de la inspiración de los trovadores. El pequeño  Guty observaba discretamente en casa de su abuela materna las clases de guitarra que impartían  para uno de sus tíos,  convirtiéndose en su instrumento favorito y  con el transcurrir de  los años  terminaría por ejecutar con gran dominio e incluso cuando la fama le sonrió adquirió de la colección particular de  un viejo mentor español una fina guitarra por la que pago 500 pesos en aztecas de oro  bautizándola como “La Negra”.



Para cuando el joven Guty concluyó sus estudios en nuestra capital, decidió pasar una temporada en los Estados Unidos empapándose de nuevas formas musicales y experiencias multiculturales de nuestro vecino del norte. Al regresar a su terruño, le comunicó  a su familia su decisión por seguir el camino de la música. Pasados unos días, un amigo de la familia les pidió que alojaran  en su casa para la fiesta de carnaval a personajes notables como el compositor Ignacio Fernández Esperón “Tata Nacho”, el pintor Roberto Montenegro, el caricaturista Ernesto García Cabral “El Chango” y el periodista Manuel Horta. Aquel encuentro resultó muy afortunado pues tan distinguidos personajes, animaron al joven Guty a regresar con ellos a la capital y con el tiempo le abrirían las puertas de diversos espacios de la bohemia de la Ciudad de México, un crisol que transformaba los ritmos provenientes de todas las latitudes, para darles su sello de urbanidad.

Así, para agosto de 1927 el empresario Pepe Campillo organizó el Concurso de la canción mexicana cuya sede fue el Teatro Lírico, se convirtió en toda una verdadera  feria popular con tonos muy nacionalistas gran parte de la Calle de Medina, hoy República de Cuba. La razón de dicho certamen era buscar las canciones que necesitaba para  impulsar la carrera de un trío que recién había formado, el siempre recordado  Trío Garnica-Ascencio pues una de sus integrantes hacía latir con celeridad su corazón.  La canción Nunca con letra de su paisano Ricardo López Méndez es con la que Tata Nacho inscribe en el concurso a Guty, logrando el segundo escalón  pues la canción  Menudita del propio Tata Nacho obtuvo el primer lugar.  Fue la oportunidad para que Guty en ese mismo año registrara por primera vez su voz en un  disco de pasta a 78 rpm para la marca Huici, disco fabricado enteramente en México, acompañándose  únicamente de su guitarra tal y como ocurriría  con  muchas de sus posteriores grabaciones.




La naciente discografía en México con sellos como Artex, Olimpia o Huici a pesar de contar con  tecnología de grabación y calidad muy rudimentaria atesoran los primeros registros históricos  de Guty Cárdenas durante aquel 1927 y principios de 1928.  Poseedor de una voz modulada, suficiente para  impregnarle a las canciones la delicadeza que cada una de ellas requiere. Guty logra calar en lo más hondo de la sensibilidad del público que empieza a escucharle.  En la primavera de 1928 tiene ofrecimientos para grabar y actuar en la llamada Urbe de Hierro, primero visitó los estudios de la poderosa Victor en la cual al parecer no gustó  su estilo, mientras que la empresa Brunswick  y posteriormente la grandiosa  Columbia fueron fundamentales para la carrera de Guty, pues en ellas dejó casi dos centenas de canciones en modernos sistemas de grabación lo que ha permitido que su voz se escuche con gran calidad hasta nuestros días.




Guty se desmarcó de los exponentes de la  tradicional trova yucateca, no en lo relacionado a la construcción armónica y melódica, pero si exploró diversos ritmos, desde luego los más influyentes de esos años: claves, boleros, guarachas, tangos, fox trot, huapangos, bambucos, canción ranchera, corridos y un largo etcétera. Guty Cárdenas escaló peldaños y se convirtió en el Director Artístico de la línea de música Hispanoamericana en la empresa Columbia,  aprendió los pormenores de esa industria  en la mismísima  meca del show business, se relacionó y se nutrió con músicos de diversos países, conoció del poder  de la floreciente  radio comercial para determinar los gustos musicales, supo del bullicio que tenían los empresarios por crear marcas discográficas como uno de los negocios con mayor augurio, logró aparecer en el incipiente cine sonoro cantando la bella Ojos tristes  en la película La dama atrevida haciendo una modesta actuación como cantante de un Hotel. Es probable que si  Guty  hubiese continuado con vida, seguramente en su madurez habría ocupado cargos directivos en la industria musical de México o Estados Unidos.




Guty Cárdenas compartía  distintas afinidades con Agustín Lara, una de ellas, era rodearse con periodistas, escritores, artistas y promotores de música, todo al calor de auténticas bohemias, algunos de ellos fueron amigos que tenían en común y por ende pudieron coincidir en varias ocasiones aunque no tuvieron una amistad muy estrecha. Otra y no menos importante era la predilección por el coñac, se dice que Guty  tomaba un trago de café caliente y otro de coñac antes de salir a cantar y es más que conocida la notable ingesta de esa bebida por Lara. Ambos son piezas fundamentales en el desarrollo del bolero en nuestro país y de su repercusión en toda Hispanoamérica al construir un puente pautado entre  Cuba, Yucatán y  la Ciudad de México.  Guty representó en un principio para Lara,  cierta influencia temática y de estilo, pero cuando El Flaco de Oro dejó fluir su proverbial inspiración, Guty por su parte haría estupendas interpretaciones de la obra de Lara entre 1930 y 1932, incluso de su pieza más emblemática…Mujer. Pedro Vargas diría de ellos: “Yo que los conocí profundamente debo afirmar que nunca hubo entre Agustín y Guty el más mínimo problema. Antes bien, se profesaban afecto y admiración mutuos”.



Era casi la medianoche del  jueves 5 de abril de 1932 cuando yacía sin vida en el interior del Salón Bach el cuerpo del Ruiseñor yucateco. Un pleito de cantina truncaba su meteórica carrera con tan solo  26 años de edad. Fueron muchas las versiones que con el correr de los años se dijeron entorno a su crimen. Una de ellas y muy difundida fue que heroicamente defendió a una mujer que era molestada en su persona y al defenderla fue herido de muerte, otras apuntaban a la molestia que causó a su ejecutor el corrido La República en España que Guty grabó un año antes  celebrando el fin de la monarquía, otra por absurda que suene fue que Agustín Lara había dado la orden, una más fue que un militar de alto rango discutió de política con él y  sin más vació su pistola sobre Guty,  teniendo a un par de parroquianos de origen español como chivos expiatorios y la otra es la que se conoció con la difusión de algunos elementos del proceso judicial, declaraciones de los testigos,  la riña por un juego de “fuercitas” provocaría con el calor de las copas el motivo principal de lo que terminó detalles más, detalles menos en cuatro disparos sobre el humanidad de Guty Cárdenas por parte de un español de nombre Ángel Peláez Villa autor material confeso.



Todavía aún, después de tantos años, vaga por las viejas calles del Centro Histórico, el rumor del canto de un ruiseñor… En su canción vive una parte del México de ayer.




Algunos estudiosos de la discografía de Guty Cárdenas señalan que son poco más de 270 grabaciones las que realizó, por nuestra parte solamente contamos con un centenar de ellas, les ofrecemos una selección musical que incluye  su primera grabación en septiembre de 1927 y la última realizada en los primeros meses de 1932.

Erróneamente en algunos cancioneros- incluso de la época- se da el crédito de letra y música a Guty Cárdenas, al parecer son pocas las  canciones  que cumplen con esta apreciación.  No olvidemos que Guty amén de ser compositor (de la música principalmente) era un gran intérprete de la obra de otros autores, ya sea  como solista, a dúo, a tres voces  o como cuarteto.

Nunca,  inmortal pieza de nuestra música popular con versos del vate Ricardo López Méndez.


Flor,  con versos de José Antonio Pérez Bonalde y de Diego Córdoba. La pieza favorita de nuestra madre.  


Aléjate, bella composición con versos de Ricardo López Méndez.


A qué negar, la letra corresponde a Federico García Gamboa.


Rayito de sol, con  versos  de Ermilio Padrón, se convirtió también en  una oración fúnebre el día del entierro de Guty  al ser cantada por los presentes, entre ellos, el Dr. Alfonso Ortiz Tirado y Pedro Vargas, dibujándose en el cielo nublado un rayito de sol.


Ojos tristes, versos de Alfredo Aguilar Alfaro, compuesta especialmente para Nancy Torres.


Granito de sal, composición de Domínguez Zaldívar y Carlos Duarte M.


Desdén,  composición de Licho Buenfil y Ermilo A. Padrón.


Una noche más,  composición de Nilo Meléndez  con el acompañamiento orquestal de Lacalle.


Otra vez,  del músico poeta Agustín Lara esta grabación para la marca Peerless, surge una incógnita, sí las últimas 3 piezas grabadas por Guty fueron  publicadas por Peerless entonces fueron puestas a la venta después de su muerte, puesto que esa grabadora dice haber nacido en 1933. Algunos coleccionistas afirman que salieron a la venta en 1932 bajo ese sello.


Cápsula de México a través de su Música, una serie producida por sus servidores para ustedes amigos. Locutores: Margarita Castillo  y José Antonio Cabrera Madrid.



miércoles, 12 de marzo de 2014

CUARTO ANIVERSARIO...



Este espacio, después de haber visto pasar otros 365 días de su todavía, por fortuna, joven existencia, nos motiva para reavivar planes  y concluir proyectos, procurando no incurrir en los errores cometidos en experiencias anteriores.

Les agradecemos por tomarse algunos minutos en consultar lo que aquí se publica, escribir sus comentarios  y enviarnos mensajes  por correo electrónico.  A todos los que han colaborado con nosotros en distintas formas, reciban siempre nuestra gratitud.

Hace pocos días, cuando departíamos en la mesa con unas amistades, caímos en cuenta, que si hay una canción que no puede faltar cuando un trío o un mariachi se acercan sonrientes a la mesa de uno con su amable frase ¿cuál les cantamos? seguido de unas breves miradas de los aludidos,  frecuentemente de  una voz femenina brota: Se saben… ¿Cien años?

¿Qué encierra esta canción del binomio conformado por Alberto Cervantes y Rubén Fuentes compuesta hace más de 60 años? Una mezcla de todo,  sentimientos contradictorios por los amores no correspondidos y que la angustia  lleva a prometer  pasiones casi eternas; la intemporalidad por el hecho de que Pedro Infante -el ídolo popular más grande que ha tenido nuestro país- la grabara en disco el día sábado 3 de octubre de 1953 y además  incluirla en su película Cuidado con el amor que hasta el día de hoy puede seguir viéndose por televisión abierta.

Las canciones encierran historias curiosas, afortunadas o bien accidentadas al momento de ser publicadas y de cuando llegan a ser grabadas para el consumo del público masivo. A veces nos sorprende el saber de alguna composición escrita hace más de un siglo y que al paso de varias décadas otro la firma consiguiendo reconocimiento.   

Es una conversación muy recurrente con algunos amigos las anécdotas sobre canciones que por argumentos con o sin  fundamentos irrebatibles son señaladas como plagios.  En esas situaciones escandalosas se han visto involucrados figuras como Agustín Lara, Luis Arcaraz,  Cuco Sánchez, los Hermanos Martínez Gil y Quirino Mendoza, entre muchos otros.

En alguna época, el bolero Cien años generó  escozor en sus detractores  al comparar el comienzo de su letra con la del tango Tus besos fueron míos compuesto en 1926  con letra de Francisco García Jiménez y música de Anselmo Arieta que dice así:

”Hoy pasas a mi lado con fría indiferencia;
tus ojos ni siquiera detienes sobre mí
y sin embargo vives unida a mi existencia
y tuyas son las horas mejores que viví.”

Mientras que la composición de Cervantes y Fuentes comienza con:

“Pasaste a mi lado con gran indiferencia,
tus ojos ni siquiera  voltearon hacia mí…”

En otro verso se puede apreciar:

“Y sin embargo sigues unida mi existencia,
y si vivo cien años … cien años pienso en ti.”

Las coincidencias son obvias aunque el sentido completo de la canción sea muy diferente en cada caso.


Seguramente, muchos de ustedes atesoran historias sobre alguna canción que desean compartir… Así es la Música sin final

sábado, 8 de febrero de 2014

ARTURO NÚÑEZ…EL CABALLERO ANTILLANO



Al histórico municipio de Cárdenas, provincia de Matanzas, de la Cuba bella, le tocó recibir en su seno el 4 de octubre de 1913 a Arturo Francisco Núñez. Como todo buen cubano, de esencia rítmica y de  afecto irrestricto por la cumbancha, cristalizó sus  inquietudes musicales  al ingresar  cuando recién cumplía los 8 años al prestigiado Conservatorio Carnicer de La Habana, lugar en el que el afamado compositor de “Quiéreme mucho”  Gonzalo Roig estudió e impartió clases.

Combinaba la disciplina musical con su profunda pasión por el béisbol, deporte en el que hubiese querido triunfar. Mi abuela,  doña Felicia Núñez -doctora de profesión- le insistió en que estudiara medicina, cuando cursaba el  cuarto año de la carrera, tuvo lugar el golpe de Estado de 1933, cerraron la Universidad y decidió suspender sus estudios. Para su fortuna, en 1930 le otorgaron su título como profesor de solfeo, piano y armonía. Así, el camino de la música –su verdadera vocación- le ofrecía un nuevo horizonte.



Posteriormente, recibió  la oportunidad de trabajar como músico profesional en el Cine Violeta de La Habana. Desde entonces, continuaron los ofrecimientos para presentarse con su conjunto en distintos teatros y cuanta variedad solicitara sus servicios. Así, al arribar a la Isla después de un éxito arrollador por Sudamérica el ilusionista de origen británico Fu-Manchú lo contrata en exclusividad  en su compañía como director musical continuando con una gira  que los llevaría en 1940 a México. El Teatro Arbeu  fue el recinto donde realizaron sus primeras presentaciones. Durante esta década este peculiar mago protagonizaría  en nuestro país media docena de películas.

Mi padre, decide separarse de la compañía y quedarse en  México para incorporarse  como pianista de grandes orquestas como la de Absalón Pérez, Ismael Ruiz (padre de Mr. Harmony) o de Emilio B. Rosado, teniendo como vitrina diversos salones de baile y a la Catedral de la radio… la XEW.  

En 1942 decide formar su propia orquesta y no tardó en recibir el ofrecimiento de don Vicente Miranda para presentarse en el exclusivo centro nocturno “El Patio”. Era un grupo de ocho elementos integrado por Ignacio Soriano, Yeyo Tamayo, Arsenio Núñez, Genaro “El Che” Toledano, Alejandro Torres, Domingo “Mango” Vernier y como cantante Kiko Mendive, presentándose como La Orquesta Antillana. Tal fue su éxito durante más de año que mi padre solicitó un aumento de sueldo pero fue rechazado, don Pancho Aguirre dueño del “Río Rosa” se apresuró y los contrató ofreciéndoles un mejor salario en una relación laboral que se prolongó 3 años,  todo un récord para aquella época.



Durante esa década y la siguiente, sus grabaciones fonográficas  inundan el mercado de los interesados en la música afroantillana, los sellos discográficos Columbia, Peerless, RCA Victor y Musart atesoran lo mejor de su repertorio entre las que se cuentan: "Danzonson”, “La Palma”, “Sorrento”, “Linda Jarocha”, “María la O”, “La Sitierita”, “La Pastora”, “Lala”, “Silver Star” y de su inspiración “Nuestra cita” dedicada a mi madre, “Lo que tiene el Danzón”, “Mambo a la Núñez”, “Tengo para ti”, “Playa azul” entre muchas otras.




Los años cuarenta marcan también su deseo de crear raíces en México al contraer matrimonio con la compañera de toda su  vida,  mi madre, Luz María González y de que sus hijos nacieran en tierra azteca, culminando años más tarde cuando le fue otorgada oficialmente la nacionalidad mexicana. Alguna ocasión respondió a un periodista  de esta manera: “¡Cómo no voy a sentirme de aquí, si mi esposa y mis hijos son mexicanos. Si a México y al apoyo de mi público mexicano, que me adoptó como uno más de esta Bendita Tierra, le debo lo que soy, tal vez no sería nada si no me hubiera quedado aquí!”.


El estilo que le imprimió mi padre a su orquesta no tuvo parangón, era marcadamente suave, romántico y alegre. Cuenta el periodista Alfonso Juárez Ramírez: “En 1954, cuando Dámaso Pérez Prado “El Rey del Mambo” estaba en todo su apogeo y tocó un mano a mano con Arturo Núñez en el salón El Fénix,  Pérez  Prado sufrió un baño musical cuando el público, entusiasmado, sacó en hombros hasta la calle a Núñez, por lo que Pérez Prado enfurecido, no finalizó su turno y se retiró cabizbajo”.

La vida nocturna y musical del México de aquellos años lo entusiasmo sobremanera que decidió ser  propietario de dos salones de baile a partir de los años cincuenta: “El Swing Club” ubicado en la calle de Coahuila en la Colonia Roma del que cuenta Luis Ángel Silva “Melón”, llegaron a presentarse en los años cuarenta orquestas como la de Luis Arcaráz, Juan García Esquivel, Ismael Díaz, Everett Hogland y Larry Son entre otras, y el “Casino Antillano” en Artículo 123 número 48, en el Centro de la Ciudad de México.


Su orquesta estuvo siempre integrada por exquisitos músicos mexicanos y cubanos, por ejemplo: Memo Salamanca, Salomón Jiménez, Chilo Morán, Luis Mancera, José del Villar, Marcelino Montes, Rey Carmona, Inocente Díaz, cantantes como: Kiko Mendive, Vicentico Valdés, Lalo Montané y Benny Moré llamados primeramente el “Dueto Antillano” y posteriormente el “Dueto Fantasma” -cabe apuntar que la primera Orquesta con la que trabajó El Bárbaro del ritmo  en México fue la de mi padre-, Toño Montané, Francisco “Chico” Andrade, Antonio Jiménez, Tony Camargo, Ignacio Téllez, Luis Demetrio,  siendo tan larga la lista que, pido perdón por la omisión de tantos nombres que siempre estarán presentes en gran parte del éxito alcanzado por la Orquesta del Caballero Antillano.



¿Por qué sus compañeros músicos en opinión generalizada lo llamaron  de esta forma?  El músico cubano Silvestre Méndez comentó alguna vez en una entrevista: “Era muy correcto, disciplinado, bastante educado, muy gentil, para tratar a la gente, era una persona estupenda en el ambiente musical y en el ambiente social, en su manera de ser, en su forma”.  

Por su parte,  el periodista  José A. Contreras escribió: “Triunfador en su profesión, Núñez desde hace tiempo se distingue por su calidad humana. A los miembros de su orquesta y lo decimos en vía de ejemplificación para ver si alguien quiere imitarlo, les concede doce días de vacaciones  con el sueldo al corriente. Digno de Ripley y digno de Núñez. Y ahí queda para ejemplo la forma en que trata a sus muchachos… a sus elementos”.

Arturo Núñez, falleció el 27 de febrero de 1981, víctima de un paro respiratorio, en la Ciudad de México. Sus restos descansan junto con los de su amada “Lucha” en el Panteón Mausoleos del Ángel, edificio Arcángel Gabriel.

Físicamente no lo tenemos más con nosotros; pero su recuerdo, caballerosidad, don de gentes y sobre todo su música, siempre vivirá en la mente y en el corazón de sus amigos y seguidores.

Las nuevas generaciones que gustan de la música afroantillana, sentirán no haber tenido la oportunidad de conocer y tratar al Caballero Antillano, como nosotros sus admiradores de siempre.




“La Orquesta Antillana de Arturo Núñez”, actualmente se encuentra trabajando en la Ciudad de México, bajo la dirección musical del maestro Eduardo Rangel Méndez, contando con la participación de quien esto escribe -en exclusividad para Música sin Final-, Arturo Núñez González en el ámbito de las relaciones públicas y contrataciones.

Cel. 0445541392730        turok.orchesta@gmail.com

Los siguientes números musicales son grabaciones de la Orquesta  de Arturo Núñez, excepto el primer número.

Nuestra cita, bolero romántico compuesto por mi padre y como destinataria mi madre. Escuchemos la  versión del siempre recordado  Kiko Mendive con el acompañamiento de Silvestre Méndez y su Conjunto.


Silver Star,  composición del cubano Enrique Jorrín a ritmo de danzón.


Lala,  danzón compuesto por Everardo Ordaz.


La sitierita, bolero compuesto por Rafael Ortiz. Canta Lalo Montané, voz segunda y coros Chico Andrade y Toño Montané.


Tengo para ti, de la inspiración de mi padre. Canta el dueto Antillano (Benny Moré y Lalo Montané).


Lo que tiene el danzón, composición de mi padre. Cantan Lalo Montané, Toño Jiménez y Chico Andrade.


Yo sabía que un día, composición de Antonio Sánchez. Cantan Toño Jiménez y Chico Andrade.


Danzonson,  composición de Alcibiades Agüero.


La Palma, composición de Domingo Vernier.


Sorrento,  composición de Domingo Vernier.


Indecisión, bolero romántico en el que podemos escuchar cantar a su compositor Luis Demetrio.


Cha cha cha en Manhattan,  composición y arreglo de Memo Salamanca.