BIENVENIDOS


En este lugar se encuentran reunidos nuevamente el tiempo, la música y nuestros recuerdos...Iniciemos este maravilloso viaje al ritmo de las canciones y melodías de la Música sin Final...Déjese llevar por el mágico sonido que envuelve milagrosamente, ese algo que creíamos olvidado, pero que sigue ahí escondido en algún lugar, sin límites...sin final...¿Quiere saber en dónde está ese lugar?...Habita en su recuerdo y está más allá de la música...¿Nos hace el honor de acompañarnos?...Gracias.

Sus amigos,


Ricardo y Alejandro Martínez Arreola


Nuestra estación de RADIO está disponible de lunes a sábado de 10:00 a 22:00 hrs.http://myradiostream.com/musicasinfinal


jueves, 11 de septiembre de 2014

TROVADOR NACÍ…MIGUEL MEDINA FLORES




El legendario trovador mexicano Miguel Medina Flores, nació en la ciudad de Monterrey un 17 de mayo 1926. En compañía de sus 12 hermanos, le gustaba caminar por las tranquilas calles de la regia ciudad de las montañas o bañarse en los veneros de las aguas termales de Topo Chico. Muchas veces, mientras entonaba alguna canción, el pequeño Miguel imaginaba que su voz podía conquistar la cima del Cerro de la Silla.

Monterrey inició en la década de 1930 un vertiginoso proceso de transformación industrial. La aparición de fábricas atrajo a familias trabajadoras, provenientes de ciudades vecinas de Nuevo León y después de otras entidades como San Luis Potosí y Coahuila. El ambiente urbano que prevalecía en la época, propició el desarrollo de la vida nocturna y el establecimiento de múltiples centros de diversión. En 1939 Miguel Medina Flores se integró a un conjunto tropical llamado El Son Maní, cuyo cantante era el bolerista Enrique García, popularmente conocido como el KING.


En 1940 Miguel formó parte del elenco del Circo Veas Modelo con un nuevo trío llamado Los Compadres  junto a Alfonso Estrada y Piedad Altamirano, con quienes realizó una exitosa gira por el norte de la República mexicana.

Al concluir su participación en el Circo, Miguel decidió probar suerte en el Distrito Federal. De esta manera, en los primeros años de la década de 1940, formó parte de diferentes agrupaciones y trabajó destacadamente en varios centros nocturnos como La Lechuza (se ubicaba en las calles de Bolívar y Juan A. Mateos) y El Zombie (que presentaba como estelar al cantante cubano Yeyo). En esta época se destaca su participación con Los Camperos, organización que dirigía el compositor Severiano Briseño y en la que compartió créditos con los hermanos Antonio y Roberto Cantoral y Chucho Gutiérrez.

En 1945, el versátil Miguel reagrupó al trío Los Compadres. En esta ocasión, además de contar con su inseparable compañero Alfonso Estrada, incluyó al popular “Chinaco” Arreguín, fundador de Los Camperos. Por cierto, el trío de Los Compadres acompañó durante cinco años a Pedro Infante en diversas giras que realizó por Estados Unidos, Cuba y Centroamérica.

La Época de Oro de los Tríos en México no podría contarse sin Miguel Medina Flores y El Trío Avileño. Su leyenda se forjó allá por 1951, cuando Los Compadres viajaron a Mérida, Yuc., para participar en la inauguración de una radiodifusora local. Al terminar el evento, el dueño de la estación los invitó a cenar y gracias a la causalidad, mientras deparaban en la mesa de un restaurante, Miguel conoció al cantante cubano Fernando Estenoz, integrante en aquel entonces del Trío Martino.

Los Compadres regresaron a la capital azteca para continuar sus presentaciones en el centro nocturno Tullerías.  Una noche, al terminar su actuación, Fernando Estenoz visitó a Miguel para comentarle que sus compañeros de trío habían decidido regresar a Cuba y que él trabajaba  con un grupo tropical.

El locutor Jaime Manrique les propuso organizar un  nuevo trío. Miguel invitó a su hermano Antonio Medina (ex integrante de Los Romanceros) y así, a sugerencia de Fernando Estenoz, oriundo de Ciego de Ávila, surgió El Trío Avileño.



Las primeras grabaciones del Trío Avileño se dan a la par de sus recordadas participaciones en la XEQ. Aquellos registros sonoros quedaron registrados en el sello COLUMBIA. Su primer disco (grabado a finales de 1951) incluyó los temas Billetera de Luis Marquetti  y  Esto sí que está gracioso del cubano Antonio Fernández. Al año siguiente grabaron para Discos MUSART la canción Tu recuerdo  y yo de José Alfredo Jiménez y el bolero Yo no sé que siento aquí del compositor yucateco Luis Demetrio. (Para este sello grabaron Que le quiten el tapón, Nuestra separación, Qué cosa tú tienes, Pequeñeces, Dolor de muelas y la primera versión de Adiós Lucrecia en cuya grabación interviene la Marimba Nandayapa).


Posteriormente, ya como artistas exclusivos de Discos Columbia, registraron sus principales éxitos, de corte divertido y tropical: La engañadora, Yo no como pollo, Cha cha chá Chabela, Señor Juez y muchas más. La popularidad del Trío Avileño a mediados de la década de 1950 es indiscutible: además de realizar 17 programas de radio en una semana, recibieron en 1954 el premio Grand Prix otorgado por la Academia Charles Gross de Francia  y un reconocimiento especial de la XEW por haber logrado participar en La voz de la América Latina desde México de manera destacada.




En 1954, en la línea festiva y jocosa de sus interpretaciones, grabaron una guaracha en honor al pelotero veracruzano Beto Ávila, figura indiscutible del béisbol de las Grandes Ligas. En este año, gracias al éxito de su versión a Me lo dijo Adela, El Trío Avileño obtuvo el Disco de Oro (entre 1951 y 1960 realizaron aproximadamente 380 grabaciones, todo un suceso en la historia musical del género).




Ya como solista, Miguel Medina grabó un disco LP para el sello Cisne. En este material de colección, incluyó boleros, guarachas y montunos tales como Una aventura, Tú no mereces perdón, Pobre Adán, Preciosa, así como dos composiciones de su inspiración: Baila Miguel y El Rey ha muerto (dedicada a Benny Moré).

En el ocaso de 1963 formó con sus hermanos Oscar y Antonio el Trío Los Medina, quienes acompañados por el Conjunto de Chucho Rodríguez, permanecieron por espacio de dos años en el elenco estelar de Discos Dimsa.

En la segunda mitad de la década de 1960, Miguel Medina Flores participó en diversas agrupaciones musicales, entre las que se destacan Los Chinacos y Los Medina (ya como cuarteto, gracias a la incorporación de su hermano Enrique).




Pocos conocen la otra faceta de Miguel Medina que es la de compositor. Entre sus creaciones musicales destacan Dos lagrimas brotaron que alcanzó popularidad en la voz de Álvaro Zermeño; Haz lo que quieras, grabada por el cantante Rubén Reyes; Martha Alicia, llevada al acetato por El Trío Avileño y que dedicó a su hija;   y Linda Guajira, grabada por el Conjunto Batachá, Tony Camargo y Pepe Arévalo.

Quizá su canción más conocida es Baila Miguel, que alcanzó la cima de la popularidad con Tony Camargo en 1956 y que también grabaron Arturo NúñezLa Sonora Maracaibo y Emilio Domínguez.

A partir de 1973, después de la desintegración de Los Medina, Miguel  siguió su carrera como solista, pasando por algunas etapas muy efímeras con tríos y duetos, como el Trío Cantarrecio (Moisés Esteves y José Luis Corona).


Los años han pasado. Las ciudades que recorrió el trovador acompañado de sus amigos y sus canciones también han cambiado. Ahora, la inspiración se viste de recuerdos... El generoso Miguel, como en los viejos tiempos, cada miércoles ameniza la charla y el café al lado de sus amigos... Sus amenas historias sobre la vida cotidiana y artística del viejo México, son el pretexto perfecto para no olvidar aquel tiempo de trova y de bohemia... 

La tarde se aleja y el espacio -después de escuchar a nuestro amigo Miguel Medina Flores-, se impregna con el aroma de la añoranza. El trovador se aleja pero nos comparte su recuerdo... Su ayer.


Luis Jaime Chapa Elizondo


Les ofrecemos las siguientes grabaciones deseando con toda sinceridad que las disfruten.

Billetera, primera grabación del Trío Avileño a finales de 1951 para la marca Columbia, composición de Luis Marquetti.


Porfiado corazón, de Luis Marquetti esta grabación de 1952.


Yo no como pollo,  composición de Otilio Portal grabada en 1952.


Casilda, composición de Oswaldo Farres esta grabación de 1952.


Tú recuerdo y yo, compuesta por José Alfredo Jiménez,  primera grabación del Trío Avileño en 1953 para el sello Musart.


Pequeñeces, composición de Bobby Capó grabada en 1953.


Nocturnando, grabada en 1955 esta composición de Pablo Cairo.


Un amor que no fue amor,  grabada en 1957 esta composición de Odilia Moreno.


Qué cosas tienes tú, grabación de 1959.


El rey ha muerto, en voz de su autor Miguel Medina esta grabación de 1963 dedicada a Beny Moré.


La miel de la luna, grabación de 1963 en voz de nuestro homenajeado.


Baila Miguel mí son, en voz del propio  autor Miguel Medina en 1963.


El reloj de pastora, de Arsenio Rodríguez esta grabación del Cuarteto Los Medina a mediados de los 60’s.


El manisero, eterna composición de Moisés Simmons, grabación del Cuarteto Los Medina a mediados de los 60’s.


lunes, 28 de julio de 2014

LAS QUE LLEGARON AL HIT PARADE




Esa especie de poligamia que vivieron las industrias del disco,  la radio, el cine, la televisión y  la prensa permitieron que en la primera  mitad del siglo XX las canciones populares tuvieran un arraigo casi inmediato en el público masivo, para su segura difusión fue necesario que entrara al aro otro invitado: las agencias de publicidad, pues a manera de estuche de regalo presentaban al consumidor  inolvidables desfiles de éxitos. En repuesta el respetable se encargaría de decidir -cómo hasta hoy-  si serían efímeros o perdurables, claro está, no sin antes recibir una buena dosis de bombardeo cuyos resultados serían registrados por sistemas de medición  cada vez más sofisticados.

Desde tiempos inmemorables la melodía es lo que permite que podamos tararear o silbar las tonadas de moda, la única forma conocida que se tenía para medir  su popularidad y su respectivo beneficio económico eran las partituras musicales. El reconocido musicólogo mexicano Vicente T. Mendoza investigó varios corridos en el siglo XVIII con esta peculiaridad y así, para el siglo XIX el negocio de las hojas con música fue creciendo gracias a la influencia del fonógrafo y el gramófono como los medios para registrar los sonidos. Desde aquellos legendarios años, la industria del disco diseñó variados esquemas para despejar una incógnita que garantizara su éxito.  ¿Qué es lo que escuchan las mayorías?




En las postrimerías del siglo XIX se popularizaron tanto danzas,  habaneras, corridos, polkas o valses como: Las golondrinas, La paloma, Adiós mamá Carlota,  Las bicicletas o  Sobre las olas. Grandes personalidades como José María Villasana o José Guadalupe Posada por mencionar solamente a algunos, ilustraban magistralmente las partituras musicales de compositores como Juventino Rosas, Manuel M. Ponce o Miguel Lerdo de Tejada, estafeta que pasarían en el siglo XX a personajes igual de prominentes como Andrés Audiffred o Ernesto “El Chango” García Cabral, ahora serían obras de autores como María Grever, Agustín Lara o Gonzalo Curiel. En los Estados Unidos por la misma época serían dibujadas  por Walt Disney o Charles Shulz. Las partituras musicales dejaron de ser la espina dorsal del negocio de la industria de las canciones y cedieron el primer lugar a las editoras y sociedades que se erigieron para salvaguardar los intereses económicos de sus creadores.






El 20 de abril de 1935  surge en el Town Hall de la Gran Manzana el programa radiofónico El Hit Parade (Your Hit Parade), en muy poco tiempo se convirtió en la emisión con mayor audiencia en la Unión Americana y su éxito fue tal que al paso de los años rebasó sus fronteras y su señal  sabatina llegó a muchos países- incluido México- en grabaciones especiales. En una ocasión anterior les comentamos que el magnífico y siempre bien recordado locutor Ken Smith transmitía su programa La hora americana por las siglas XEBZ en el lejano 1935  seleccionando los temas en boga de aquel país.





En una época las agencias de publicidad pudieron precisar casi quirúrgicamente qué canciones tenían mayor repercusión en el gusto popular, durante una semana, un mes o un año, los horarios más convenientes de programar y qué perfil de locutor sería el más adecuado para radio o televisión.



Fue durante la década de los años 50’s del siglo XX que el locutor de XEW y editor de la revista Selecciones Musicales Roberto Ayala, instituyó en México el Disco de Oro (al igual que lo hacían los Estados Unidos)  que otorgaba lógicamente su revista a lo más granado de los intérpretes, compositores y canciones con mayor difusión en nuestro país, repercutiendo en contratos, giras, entrevistas, reportajes y grabaciones. Desde aquellos años se creó la buena costumbre de publicar diversos cancioneros, los cuales abordaremos en una entrega posterior.



Las radiodifusores en México que integraban en su barra programática música popular proveniente de nuestro vecino del norte, como Radio 590, Radio 6.20, Radio Mil, Radio 660, Radio Capital o Radio Éxitos, adoptaron el esquema  marcado por el tío Sam de programar con el Top 40 de sus listas de popularidad, garantizando así el éxito de sus emisiones.



Muchos son los programas de radio o televisión que seguramente usted recuerda en distintos momentos y décadas de su vida, uno que motivó el nombre de la  entrada de hoy era difundido por la estación del gallito, nuestra entrañable XENK Radio 6.20 desde la década de los 60’s (en 1959 fue la última emisión de El Hit Parade en los Estados Unidos ya como versión televisiva) y fue deliciosa hasta que se extinguió de su señal.




Les presentamos la siguiente selección musical, distintas épocas en la música popular.

Las bicicletas, exitosa polka de 1896 con la que su autor Salvador Morlet celebraría el arribo de este vehículo a nuestra capital a finales del siglo XIX. Sin duda, nos viene a la memoria el inolvidable personaje Don Susanito Peñafiel y Somellera que al presentarse solía decir: para servir a Dios, a don Porfirio y a usted. La versión es la de la Orquesta Típica de la Ciudad de México realizada en 1956 para la RCA Victor, incluida en el magnífico disco Lp Paseo en la Alameda.


Dardanella, un Fox-Trot de Felix Bernard y Johnny S. Black compuesto en 1919, de inmediato se popularizó en la Unión Americana vendiendo cinco millones de copias. En México también logró gran aceptación, una de las emisoras que la mantuvo en su programación varias décadas fue Radio 6.20. Les ofrecemos una versión de 1920 con  Harry Raderman’s Jazz Orchestra para la marca Edison.


Vereda tropical, bolero compuesto en 1936 por Gonzalo Curiel y estrenado en la película Hombres de mar del mismo año, alcanzó tal fama en voz de Lupita Palomera que incluso -dice una leyenda- hubo anuncios laborales para las trabajadoras domésticas que al concluir de detallar las actividades que desempeñarían remataban con: “y que no canten Vereda tropical”. Seguramente la canción del maestro Curiel más popular en México y  el mundo.


Over the rainbow, balada compuesta en 1939  por Harold Arlen y Yip Harburg, interpretada por Judy Garland en la película El Mago de Oz de aquel año. Merecedora del premio Oscar como mejor canción, aunque los productores de dicha cinta no confiaban en la canción intentando eliminarla varias veces de la versión final del filme. Sin duda, la carta de presentación de Judy Garland por siempre.


Yo sé por qué y tú también, la  era de Swing dejó una estela interminable de buenas canciones, ésta composición de H. Warren y M. Gordon lo demuestra, su éxito se debe a la versión de Glen Miller y a su agrupación vocal  Los Modernistas, fue incluida en la banda sonora de la película de 1942 conocida en  México como Las  viudas del jazz.


Anna (el negro zumbón), baion de la película italiana Anna de 1951, protagonizada por la bella Silvana Mangano (en México le decían Mangazo) de ese ritmo brasileño quizá este número es el que más popularidad tuvo en el mundo, de la inspiración de Franceso Giordano y Roman Vatro. La versión que se escucha en la cinta y grabada en 78 rpm para la marca MGM tiene en el crédito a Mangano aunque la voz que se escucha es de la cantante Flo Sandon’s.


Obsesión, composición de Pedro Flores que alcanzaría éxito mayúsculo desde la década de los cuarentas. Una de sus grabaciones más exclusivas fue la que realizaron a dúo Pedro Vargas y Benny Moré  con el acompañamiento de la Banda Gigante en 1954 para el sello RCA Victor.  José Emilio Pacheco citaría este bolero en su magnífico libro “Las Batallas en el Desierto”.


Sinceridad, bolero compuesto por Rafael Gastón Pérez, en 1954  Lucho Gatica y el acompañamiento de Los Peregrinos quizá realizaron su mejor versión, se publicó en México bajo el sello Musart.

  
  
Quiero tu amor, composición de  Charles Trenet  de 1942,  desde entonces, ha acumulado muchas versiones en todo el orbe. Nuestra versión instrumental favorita es la que André Kostelanetz llevó al disco en 1963 para el sello CBS.


La Bikina, composición de  Rubén Fuentes en 1969, pieza fundamental en el repertorio de lo entrañable, su popularidad fue tal que en Francia quisieron adueñarse de los derechos, situación que obviamente perdieron legalmente. La magnífica versión del Mariachi Vargas de Tecalitlán (al cual Rubén Fuentes transformó en los 50’s con arreglos más estilizados) para el sello RCA Victor enriquece toda discoteca.  


martes, 10 de junio de 2014

REBECA… LA VOZ DE TERCIOPELO


Hace muchos años, al terminar la Revolución, la ciudad de México inició el proceso de su transformación hacia la modernidad. Bajo el amparo del nacionalismo, el paisaje rural cedía lentamente su espacio al ambiente urbano que día a día se matizaba con aromas y colores cosmopolitas. 

La Ciudad de los Palacios en la década de 1920 era un terreno fértil para los contrastes. Ahí convivían los vestigios célebres del pasado prehispánico que se dejaban asomar entre los imponentes edificios coloniales. También, a la par de las lujosas colonias y avenidas porfiristas decoradas al estilo francés, brotaban en sus extremos las calles y barrios de gran tradición que albergaban a las clases populares, todavía humeantes de pólvora.

Precisamente, en el tradicional barrio de Peralvillo, un 26 de abril de 1925, nació Rebeca… La voz de terciopelo.  Fue la quinta hija de Juana Cosío de Alba y Franco y de Enrique Silva. Con sus 7 hermanos (Evangelina, Olivia, Enriqueta, Trinidad, Enrique, Guadalupe y de su gemela Sarita), a pesar de la precaria condición económica de la familia, Rebeca vivió una infancia feliz  La pequeña Rebeca Silva Cosío aprendió el sentido de la responsabilidad entre los múltiples mesones que abundan en la zona llenos de sus caudales humanos muy ligados al comercio. Lamentablemente, las cosas para Rebeca y su familia se complicaron cuando falleció su padre. 

Ella contaba apenas con 11 años de edad. Al cumplir los 16, contrajo matrimonio con Agustín Chavero, con quien procreó a sus primeros hijos: Laura Isabel y Salvio Agustín. Sin embargo los celos enfermizos de Agustín y su mal trato indujeron a Rebeca a escapar ayudada por unos tíos de Agustín, rumbo a la ciudad de Monterrey.

Desde muy niña, Rebeca mostró una notable inclinación por el canto y la música. Gracias a la invitación de sus maestras en la escuela primaria, podía lucir sus dotes artísticas en los festivales escolares. Su voz, desde entonces, cubría el ambiente con una caricia suave y tierna, como de terciopelo (en ocasiones, acompañada de su hermana Enriqueta, amenizaba las fiestas escolares. Por cierto, a este singular dueto se le presentaba como Las Guarecitas, que en purépecha significa “niña”).



Durante su estadía en  Monterrey, logró presentarse en la radiodifusora XEFO que se ubicaba a la vuelta de la Fuente de Sodas Boom Boom, donde ella trabajaba como mesera.  En aquellas memorables audiciones se ganó el titulo de: Rebeca, la voz de Monterrey.


Con el tiempo, Rebeca decidió regresar a la ciudad de México junto a su madre y hermanos. Gracias a la recomendación de su hermana Olivia, consiguió emplearse en el Restaurante del Hotel Reforma.

En el ocaso de la década de 1950 asistió con unos amigos al Bar La Fuente. Ahí, como aficionada deleitó a los bohemios y artistas que frecuentaban el lugar con una maravillosa interpretación de la canción Señora tentación, del genial compositor Agustín Lara. Gracias a esa afortunada presentación, de inmediato fue contratada para cantar en los más prestigiados centros nocturnos de la época.


Rebeca se convirtió así en la última intérprete oficial del inolvidable músico poeta. Junto a Agustín Lara realizó exitosas presentaciones en el afamado Capri que se ubicaba en la planta baja del Hotel Regis. El sismo de 1985 terminó con aquel edificio de 8 pisos de altura construido en los estilos art nouveau y art decó, que no sólo recibió a lo más selecto de la sociedad mexicana e internacional de aquellos años, sino también un pedazo de la historia misma de la capital azteca.



En 1959 grabó para la RCA Victor su primer Lp: “Señora tentación”, material en el que incluyó 12 selecciones de la autoría de Agustín Lara. Gracias a su magnífica dicción y estilo, Rebeca logró consagrarse como una extraordinaria interprete de la canción romántica y además, obtuvo su primer disco de oro con su recordada versión del bolero Escarcha. La discografía de esta excepcional cantante comprende 9 discos de larga duración para el sello Victor: Señora tentación, Rebeca y su compositores predilectos, Canciones de Agustín Lara, Enamorada, Canciones inolvidables, Estrella solitaria… Canciones de Agustín Lara y Nacida para amar; El Disco de Oro de Rebeca (grabado en vivo) y en Discos Orfeón, durante la década de 1970 realizó un disco en el que regrabó algunos de sus éxitos más destacados de su primera etapa como cantante.


En su voz, las nuevas generaciones tuvieron la oportunidad de escuchar las más bellas páginas del cancionero larista y hoy, a la distancia, esas grabaciones llegan a nuestros oídos para recrear el repertorio de lo entrañable.


 Las noches se iluminaban con las luces de las marquesinas de los teatros, centros nocturnos y bares que le daban un toque de alegría y fiesta a la gran ciudad. Y con su voz de terciopelo, Rebeca acariciaba los corazones de los que se amaban. La Roca (instalada en el Hotel Insurgentes) y La Ronda (ubicada en pleno corazón de la Zona Rosa), fueron testigos fieles de aquella inolvidable época de bohemia que despedía, acompañada con los acordes de Chalo Cervera, El pianista de las estrellas, una época inolvidable de la canción popular en México.



En 1985, Rebeca trasladó su residencia a Guadalajara, Jal. En la hermosa Perla de occidente, se escucharon por última vez los maravillosos matices de su voz evocadora de la época de oro de la canción romántica en México.
  
La voz de Rebeca se apagó un 7 de mayo de 2002. Su última voluntad fue descansar cerca de Agustín Lara, su amado maestro… Allá en Veracruz, en la playa solitaria, donde puede verse una casita blanca que parece de marfil…

Desde entonces, de vez en cuando nos parece escuchar a la distancia, la dulce voz de una caricia aterciopelada que canta en versos de cristal una serenata de amor… El viento y la brisa del mar llevarán en el ambiente las notas lanzadas como serpentinas por un elegante piano a las musas que se alejan como los cisnes que en la tarde visten su carro triunfal…

Y en cada caricia convertida en recuerdo, por capricho divino, el cielo se pinta de azul, con ese azul que tienes tú…

Con gratitud,

Tus hijos Laura Isabel, Salvio Agustín, Oscar, Juan Manuel y Rebeca Eugenia.


La selección que a continuación les presentamos son composiciones de nuestro  Flaco de Oro Agustín Lara,  salvo en donde se indica otro compositor. Todas las grabaciones son para la marca RCA Victor  excepto Hastío que corresponde al  sello Orfeón, fueron realizadas entre 1959 y 1970.

  
Señora tentación, compuesta en 1931.


Escarcha, compuesta en 1935.


Azul, compuesta en 1933.


Te vi pasar, compuesta en 1940.


Cocha nácar, compuesta en 1933.


El Cisne, compuesta en 1935.


Anoche te sentí, compuesta en 1948.


Hastío, compuesta en 1933.


Amar y vivir,  composición de Consuelito Velázquez en 1944.


La cita,  composición de Gabriel Ruiz en 1944.



Nieve, composición de Miguel Prado y Bernardo Sancriostóbal  en 1954.


Casita blanca, compuesta en 1963.

viernes, 11 de abril de 2014

GUTY CÁRDENAS...EL RUISEÑOR YUCATECO

  

Tres dimensiones tenía el espíritu de
este artista: formidable intérprete ,
guitarrista de estilo personal y
compositor de fresca inspiración.

Ricardo López Méndez

Hace tiempo, le preguntamos a uno de nuestros sobrinos -que acude al mismo Colegio en el que Guty Cárdenas realizó sus estudios como Contador Privado en esta capital-, si el día en que les hicieron la bienvenida  a los de nuevo ingreso les platicaron que en ese bello recinto educativo  había estudiado el también conocido Cancionero del Mayab,  personaje fundamental de nuestra herencia lírica,  hizo una pausa  y de su memoria escaparon varios nombres relacionados con la literatura, la política o las artes… Pero no el nombre de Guty Cárdenas.  De la muerte de Guty han transcurrido  82 años  y  seguramente  su nombre se ha ido diluyendo en las nuevas generaciones, pues aquellas figuras de nuestra historia musical cuya importancia no atañe sólo en México sino a toda Hispanoamérica han ido dejando su lugar en la retentiva de la memoria colectiva.

El entrecruzamiento cultural de diversas expresiones artísticas  de la cual Mérida era enriquecida a principios del siglo XX, marcó definitivamente el camino musical del pequeño  Augusto Cárdenas Pinelo nacido el 12 de diciembre de 1905 en una de las familias más acomodadas de la Ciudad Blanca. Entre claves yucatecas, boleros cubanos o bambucos colombianos, Guty aprendió de las lides en  las relaciones amorosas, propias de la inspiración de los trovadores. El pequeño  Guty observaba discretamente en casa de su abuela materna las clases de guitarra que impartían  para uno de sus tíos,  convirtiéndose en su instrumento favorito y  con el transcurrir de  los años  terminaría por ejecutar con gran dominio e incluso cuando la fama le sonrió adquirió de la colección particular de  un viejo mentor español una fina guitarra por la que pago 500 pesos en aztecas de oro  bautizándola como “La Negra”.



Para cuando el joven Guty concluyó sus estudios en nuestra capital, decidió pasar una temporada en los Estados Unidos empapándose de nuevas formas musicales y experiencias multiculturales de nuestro vecino del norte. Al regresar a su terruño, le comunicó  a su familia su decisión por seguir el camino de la música. Pasados unos días, un amigo de la familia les pidió que alojaran  en su casa para la fiesta de carnaval a personajes notables como el compositor Ignacio Fernández Esperón “Tata Nacho”, el pintor Roberto Montenegro, el caricaturista Ernesto García Cabral “El Chango” y el periodista Manuel Horta. Aquel encuentro resultó muy afortunado pues tan distinguidos personajes, animaron al joven Guty a regresar con ellos a la capital y con el tiempo le abrirían las puertas de diversos espacios de la bohemia de la Ciudad de México, un crisol que transformaba los ritmos provenientes de todas las latitudes, para darles su sello de urbanidad.

Así, para agosto de 1927 el empresario Pepe Campillo organizó el Concurso de la canción mexicana cuya sede fue el Teatro Lírico, se convirtió en toda una verdadera  feria popular con tonos muy nacionalistas gran parte de la Calle de Medina, hoy República de Cuba. La razón de dicho certamen era buscar las canciones que necesitaba para  impulsar la carrera de un trío que recién había formado, el siempre recordado  Trío Garnica-Ascencio pues una de sus integrantes hacía latir con celeridad su corazón.  La canción Nunca con letra de su paisano Ricardo López Méndez es con la que Tata Nacho inscribe en el concurso a Guty, logrando el segundo escalón  pues la canción  Menudita del propio Tata Nacho obtuvo el primer lugar.  Fue la oportunidad para que Guty en ese mismo año registrara por primera vez su voz en un  disco de pasta a 78 rpm para la marca Huici, disco fabricado enteramente en México, acompañándose  únicamente de su guitarra tal y como ocurriría  con  muchas de sus posteriores grabaciones.




La naciente discografía en México con sellos como Artex, Olimpia o Huici a pesar de contar con  tecnología de grabación y calidad muy rudimentaria atesoran los primeros registros históricos  de Guty Cárdenas durante aquel 1927 y principios de 1928.  Poseedor de una voz modulada, suficiente para  impregnarle a las canciones la delicadeza que cada una de ellas requiere. Guty logra calar en lo más hondo de la sensibilidad del público que empieza a escucharle.  En la primavera de 1928 tiene ofrecimientos para grabar y actuar en la llamada Urbe de Hierro, primero visitó los estudios de la poderosa Victor en la cual al parecer no gustó  su estilo, mientras que la empresa Brunswick  y posteriormente la grandiosa  Columbia fueron fundamentales para la carrera de Guty, pues en ellas dejó casi dos centenas de canciones en modernos sistemas de grabación lo que ha permitido que su voz se escuche con gran calidad hasta nuestros días.




Guty se desmarcó de los exponentes de la  tradicional trova yucateca, no en lo relacionado a la construcción armónica y melódica, pero si exploró diversos ritmos, desde luego los más influyentes de esos años: claves, boleros, guarachas, tangos, fox trot, huapangos, bambucos, canción ranchera, corridos y un largo etcétera. Guty Cárdenas escaló peldaños y se convirtió en el Director Artístico de la línea de música Hispanoamericana en la empresa Columbia,  aprendió los pormenores de esa industria  en la mismísima  meca del show business, se relacionó y se nutrió con músicos de diversos países, conoció del poder  de la floreciente  radio comercial para determinar los gustos musicales, supo del bullicio que tenían los empresarios por crear marcas discográficas como uno de los negocios con mayor augurio, logró aparecer en el incipiente cine sonoro cantando la bella Ojos tristes  en la película La dama atrevida haciendo una modesta actuación como cantante de un Hotel. Es probable que si  Guty  hubiese continuado con vida, seguramente en su madurez habría ocupado cargos directivos en la industria musical de México o Estados Unidos.




Guty Cárdenas compartía  distintas afinidades con Agustín Lara, una de ellas, era rodearse con periodistas, escritores, artistas y promotores de música, todo al calor de auténticas bohemias, algunos de ellos fueron amigos que tenían en común y por ende pudieron coincidir en varias ocasiones aunque no tuvieron una amistad muy estrecha. Otra y no menos importante era la predilección por el coñac, se dice que Guty  tomaba un trago de café caliente y otro de coñac antes de salir a cantar y es más que conocida la notable ingesta de esa bebida por Lara. Ambos son piezas fundamentales en el desarrollo del bolero en nuestro país y de su repercusión en toda Hispanoamérica al construir un puente pautado entre  Cuba, Yucatán y  la Ciudad de México.  Guty representó en un principio para Lara,  cierta influencia temática y de estilo, pero cuando El Flaco de Oro dejó fluir su proverbial inspiración, Guty por su parte haría estupendas interpretaciones de la obra de Lara entre 1930 y 1932, incluso de su pieza más emblemática…Mujer. Pedro Vargas diría de ellos: “Yo que los conocí profundamente debo afirmar que nunca hubo entre Agustín y Guty el más mínimo problema. Antes bien, se profesaban afecto y admiración mutuos”.



Era casi la medianoche del  jueves 5 de abril de 1932 cuando yacía sin vida en el interior del Salón Bach el cuerpo del Ruiseñor yucateco. Un pleito de cantina truncaba su meteórica carrera con tan solo  26 años de edad. Fueron muchas las versiones que con el correr de los años se dijeron entorno a su crimen. Una de ellas y muy difundida fue que heroicamente defendió a una mujer que era molestada en su persona y al defenderla fue herido de muerte, otras apuntaban a la molestia que causó a su ejecutor el corrido La República en España que Guty grabó un año antes  celebrando el fin de la monarquía, otra por absurda que suene fue que Agustín Lara había dado la orden, una más fue que un militar de alto rango discutió de política con él y  sin más vació su pistola sobre Guty,  teniendo a un par de parroquianos de origen español como chivos expiatorios y la otra es la que se conoció con la difusión de algunos elementos del proceso judicial, declaraciones de los testigos,  la riña por un juego de “fuercitas” provocaría con el calor de las copas el motivo principal de lo que terminó detalles más, detalles menos en cuatro disparos sobre el humanidad de Guty Cárdenas por parte de un español de nombre Ángel Peláez Villa autor material confeso.



Todavía aún, después de tantos años, vaga por las viejas calles del Centro Histórico, el rumor del canto de un ruiseñor… En su canción vive una parte del México de ayer.




Algunos estudiosos de la discografía de Guty Cárdenas señalan que son poco más de 270 grabaciones las que realizó, por nuestra parte solamente contamos con un centenar de ellas, les ofrecemos una selección musical que incluye  su primera grabación en septiembre de 1927 y la última realizada en los primeros meses de 1932.

Erróneamente en algunos cancioneros- incluso de la época- se da el crédito de letra y música a Guty Cárdenas, al parecer son pocas las  canciones  que cumplen con esta apreciación.  No olvidemos que Guty amén de ser compositor (de la música principalmente) era un gran intérprete de la obra de otros autores, ya sea  como solista, a dúo, a tres voces  o como cuarteto.

Nunca,  inmortal pieza de nuestra música popular con versos del vate Ricardo López Méndez.


Flor,  con versos de José Antonio Pérez Bonalde y de Diego Córdoba. La pieza favorita de nuestra madre.  


Aléjate, bella composición con versos de Ricardo López Méndez.


A qué negar, la letra corresponde a Federico García Gamboa.


Rayito de sol, con  versos  de Ermilio Padrón, se convirtió también en  una oración fúnebre el día del entierro de Guty  al ser cantada por los presentes, entre ellos, el Dr. Alfonso Ortiz Tirado y Pedro Vargas, dibujándose en el cielo nublado un rayito de sol.


Ojos tristes, versos de Alfredo Aguilar Alfaro, compuesta especialmente para Nancy Torres.


Granito de sal, composición de Domínguez Zaldívar y Carlos Duarte M.


Desdén,  composición de Licho Buenfil y Ermilo A. Padrón.


Una noche más,  composición de Nilo Meléndez  con el acompañamiento orquestal de Lacalle.


Otra vez,  del músico poeta Agustín Lara esta grabación para la marca Peerless, surge una incógnita, sí las últimas 3 piezas grabadas por Guty fueron  publicadas por Peerless entonces fueron puestas a la venta después de su muerte, puesto que esa grabadora dice haber nacido en 1933. Algunos coleccionistas afirman que salieron a la venta en 1932 bajo ese sello.


Cápsula de México a través de su Música, una serie producida por sus servidores para ustedes amigos. Locutores: Margarita Castillo  y José Antonio Cabrera Madrid.