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En este lugar se encuentran reunidos nuevamente el tiempo, la música y nuestros recuerdos...Iniciemos este maravilloso viaje al ritmo de las canciones y melodías de la Música sin Final...Déjese llevar por el mágico sonido que envuelve milagrosamente, ese algo que creíamos olvidado, pero que sigue ahí escondido en algún lugar, sin límites...sin final...¿Quiere saber en dónde está ese lugar?...Habita en su recuerdo y está más allá de la música...¿Nos hace el honor de acompañarnos?...Gracias.

Sus amigos,

Ricardo y Alejandro Martínez Arreola

viernes, 1 de diciembre de 2017

MARINA HERRERA ARAGÓN… UNA MUÑEQUITA QUE CANTA, TAMBIÉN LLAMADA MARILÚ




Una tarde de sol de 1927, la brisa acariciaba los árboles de la antigua Hacienda de Cárdenas, allá en San Luis Potosí. La tranquilidad del lugar se interrumpió con el estruendoso paso del ferrocarril, que no hacía muchos años había transportado a las primeras huestes revolucionarias por todo el altiplano.

Aquel bullicio despertó de su sueño a la pequeña Marina, una niña fina y delicada, como muñequita que balbuceaba una canción y ese canto, por la gracia del Cielo, aún  se escucha. 

La niñez de Marina Herrera Aragón estuvo envuelta por la educación sentimental que la radio ofreció a una sociedad mexicana llena de contrastes que buscaba alegrar sus días al ritmo de boleros, tangos, fox-trots, valses, canciones campiranas o danzones. Las carpas fijas o itinerantes seguían manteniéndose como la primera fuente de entretenimiento para la mayor parte de la población.

En 1939, la carpa del actor cómico Eusebio Torres mejor conocido por su nombre artístico de Don Catarino –que andaba de gira por Tampico-, lanzó un concurso de aficionados. Nuestra homenajeada decidió participar cantando el tango de mayor popularidad en ese momento. Me refiero a  Besos brujos de Alfredo Malerba y Rodolfo Sciammarella.   La calidez del aplauso brindado por el público que la consagró como triunfadora del concurso, la llevó a integrarse de inmediato al elenco de la prestigiada compañía y a firmar su primer contrato. Poco tiempo después se integró a la empresa de Paco Miller y de Jorge Maulmer (esposo de María Victoria quien en ese entonces era conocida como La Toya Rodríguez). Por cierto, en ese tiempo todavía era anunciada como Marina Herrera.

¿Cómo surgió su nombre artístico? Al caminar por las calles de Tampico, el señor Maulmer se detuvo enfrente del aparador de una tienda para niños llamada “Marilú” y decidió que ese sería el nombre artístico de la joven interprete.  Y lo de ¿La muñequita que canta? Bueno, eso vendría en 1943 durante una de sus presentaciones en el afamado club nocturno Waikikí. Una noche, antes de que diera inicio su actuación, el maestro de ceremonias Rafael Águila presentó a una bailarina también muy joven como: “La princesita que baila”, llegado el turno de nuestra estrella, el locutor la anunció así: “Con ustedes Marilú… La muñequita que canta”.


Su vida artística ha sido muy intensa desde la década de 1940, alternando sus presentaciones en carpas tan reconocidas como Ofelia y Colonial. En los teatros se presentó en el Lírico, el Follies Bergeré, el Arbeu,  el Ideal o en el Tívoli, amén de estudiar teatro clásico y participar en obras de carácter serio,  realizó presentaciones en centros nocturnos como El Patio, el Terraza Chantilly, en el Waikikí o en el Restaurant-Bar 1900. Su voz viajó por diversas emisoras radiofónicas como XEW,  XEB, XEX y XEQ. El sello Peerless registró sus primeros números musicales con la obra de compositores como Alfredo Núñez de Borbón, Daniel Zarabozo o Miguel Ángel Valladares; para la marca VIK grabó un disco-homenaje tan solo 10 días después de la muerte del siempre recordado Gonzalo Curiel.  En la pantalla de plata la presencia de Marilú quedó plasmada en las cintas La liga de las canciones (1941), Los hijos de Don Venancio (1944), Los nietos de Don Venancio (1945), El Barchante Neguib (1945), Dos tenorios de barrio (1948), Ahí viene Vidal Tenorio (1948) Los hijos de nadie (1952), Martes 13 (1952), La cobarde (1952) y La sombra blanca (1963).






Marilú tiene la enorme satisfacción de haber participado en el programa inaugural de la primera estación de televisión en nuestro país y de toda Hispanoamérica: Me refiero a  XHTV  Canal  4. Aquel elenco artístico estuvo integrado por la orquesta de Adolfo Girón, por el conjunto Tierra Blanca y las actuaciones de Rosita Fornés y Manuel Medel, entre muchos otros.

Uno de los programas que cimentaron la radio comercial en nuestro país fue sin duda “El Cancionero Picot”: Las simpatías generadas por  sus personajes de aspecto campirano y muy mexicano tanto en los cancioneros impresos como en la  radio, dieron un salto a la televisión con el programa “Chema y Juana”en 1952,  se llamó para personificarlos a Marilú y a Rodolfo Sánchez Marín quien ya lo interpretaba en radio.



En televisión podemos recordar sus participaciones en: “El estudio de Pedro Vargas”, en “Joyas Líricas”, en “Nostalgia” y más recientemente en ”Boleros y un poco más”, entre muchos otros.

Marilú no ha cesado de estar en los escenarios o de ser invitada a entrevistas en programas de radio o televisión y recibir las muestras de cariño sincero del público. Tan solo hace poco más de dos meses participó en el Festival Mundial del Bolero celebrado en el Teatro de la Ciudad recibiendo una cálida ovación.

Tuve la oportunidad de conocer personalmente a Marilú en una de sus presentaciones en el Teatro Blanquita. En aquella ocasión, en compañía de Los Jaibos, Fernando Fernández y Alejandro Algara y bajo la dirección artística del maestro Tito Enríquez, Los románticos del siglo, nos deleitaron con un abanico de bellas piezas de los más afamados compositores de la llamada época de oro de la canción.

Al escucharla cantar, Marilú recreó el ambiente con ese especial modo de melancolía que es la nostalgia. 

Por cierto, en aquella ocasión pude intercambiar con ella algunas palabras en su camerino antes de iniciar la última función de aquella formidable velada musical. Siempre amable y con una sencillez encomiable, aquella mujer de quienes mis mayores decían que en verdad era una muñequita, me hizo el honor de regalarme un cassete con sus más recientes grabaciones. También me dedicó un disco de larga duración que compilaba sus primeras grabaciones el cual guardo como un recuerdo inmarcesible.



Me corresponde hoy, en reciprocidad a ese gesto de bondad, escribirle estas líneas en las que intenté de algún modo expresarle la admiración que al igual que yo, muchísimas personas tenemos sobre su brillante carrera. Aquella ocasión que la conocí en el Blanquita, ella me atendió por simple generosidad. En estas líneas yo la elogio por un deber de justicia.

Una pequeña selección musical para su deleite.

Mi pobre corazón, de la película Los hijos de don Venancio (1944), una bella composición de la mancuerna formada por Manuel Esperón y Ernesto Cortázar.


De corazón a corazón, de la película El barchante Neguib (1945),  esta inolvidable composición de Gabriel Ruiz con letra de Ricardo López Méndez.


Hi Lili, Hi Lo, tema central de la recordada cinta Lili de los estudios MGM,  su versión al español estuvo a cargo del maestro Vicente Garrido en 1953.


De quién es tu corazón, un grato  fox trot compuesto por José de Jesús Morales en 1954.


Noche de luna, composición de Gonzalo Curiel  que dio nombre a su disco de larga duración VIK  en 1958.


Dime, composición de Gonzalo Curiel,  reedición de las grabaciones de 1958  ahora bajo el sello de RCA Camden en 1977.


La noche en que nació el Champagne, del musical Gigi de 1958. En la versión al español de la banda sonora participaron: Manolo Fábregas, André Toffel, Rosa María López Negrete y Marilú a quien le tocó interpretar a la “trompudita” Leslie Caron.


Ansiedad,  un hermoso bolero  compuesto por  Atilio Bruni y  letra del siempre recordado Ernesto Cortázar. Tal vez recuerden la inolvidable versión con la se popularizó en México  en 1946 por Hugo del Carril. La interpretación de Marilú es simplemente magnífica.


Fumando espero, antiquísimo tango compuesto en 1922 por  Juan Viladomat Masanas y  Félix Garzo.


Nocturnal, composición de José Sabre Marroquín y José Mójica en una versión en vivo realizada en 1984 en la  que el propio maestro Sabre Marroquín la acompaña al piano.


No puedo ser feliz, bella  composición de Adolfo Guzmán  una grabación de 1995 con el acompañamiento de Tito Enríquez.


Mi amor por ti, inmortal composición de Miguel Pous con el acompañamiento de Tito Enríquez  en 1995.



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